El rendimiento en el tatami depende, en gran medida, de lo que ocurre fuera de él. La alimentación y la recuperación son pilares fundamentales del entrenamiento moderno que suelen subestimarse frente al trabajo técnico y físico. El judoka que descuida estos aspectos limita su potencial independientemente de cuántas horas dedique al tatami.
El judoka y su composición corporal
El judo se organiza en categorías de peso, lo que convierte la gestión del peso en un factor estratégico. Sin embargo, la pérdida de peso extrema antes de competir puede ser peligrosa y contraproducente. La tendencia actual en el alto rendimiento apunta a competir en la categoría natural o la inmediatamente inferior, sin cortes agresivos que comprometan la fuerza y la lucidez mental.
Alimentación durante la carga de entrenamiento
Durante los periodos de alta carga de entrenamiento, el judoka necesita una dieta rica en hidratos de carbono complejos como arroz, avena y legumbres para sostener la energía de los entrenamientos; proteínas de calidad para la reparación y construcción muscular; y grasas saludables de fuentes como el aceite de oliva, los frutos secos y el aguacate para sostener las funciones hormonales.
La recuperación activa
El sueño es el principal agente de recuperación. Ocho horas de sueño de calidad permiten que el cuerpo repare el tejido muscular, consolide los aprendizajes técnicos del día y regule el sistema hormonal. Los baños de contraste, el trabajo de movilidad suave y la hidratación correcta complementan un protocolo de recuperación eficaz.
No entrenas duro para destruirte. Entrenas duro para luego recuperarte mejor.
El judoka que entiende la recuperación como parte del entrenamiento, no como su ausencia, mejora de forma consistente y sostenida. La adaptación ocurre en el descanso, no en el esfuerzo.



